lunes, 21 de mayo de 2018

Raíces






Hay mucho  más que comer en Sevilla además de sus riquísimas tapas repartidas en bares de todo tipo, a lo largo de toda la ciudad: tapas tradicionales, modernas, saladas, dulces, internacionales o de cualquier parte de la geografía española, de plato contundente como para decir basta, o de comida microscópica en un plato gigante. Siempre os lo digo, aquí tenemos de todo.

El casco histórico de la ciudad  es el epicentro de toda esta gastronomía variada, pero si nos damos un paseo y salimos más allá, poniendo rumbo por ejemplo a la zona de Nervión puede que nos llevemos más de una ( deliciosa) sorpresa.

Esta foodie aventura, como no podía ser de otra forma, empieza con una comida por todo lo alto en un sitio absolutamente diferente para mí.

Un sitio que tiene por nombre una palabra bonita donde las haya. Raíces.



Un nombre universal, un nombre que todos nosotros asociamos en nuestra cabeza a algo, alguien, o a algún lugar. Una palabra que no podemos olvidar ( o no debemos) por muy lejos que estemos, por muy perdidos que nos encontremos. Palabra protagonista de canciones de esas que ponen los pelos del brazo de punta, que nos hace pensar en recuerdos pasados, que nos coge un pellizco en el estómago… Pero un pellizco pequeñito solamente, ¡que hay que comer!








Raíces es un restaurante peruano. Y ya sabéis que eso significa siempre ceviche. De hecho, en su interior hay una cevichería donde ofrecen este manjar en todo su esplendor. Pero lo siento lectores míos, en esta ocasión, esto va de carne. Sí, de carne en un restaurante peruano, y si no me creéis, empecemos el festín:


Cartucho de chicharrones peruanos




O lo que es lo mismo, torreznos de los buenos. Fritos, crujientes, con la parte de la carne jugosa como debe ser. Y con un acompañamiento especial de yuca y batatas fritas con una salsa criolla para mojar.





Da igual que no seáis de torreznos, tocino o chicharrones. Este plato es demasiado bueno como para perdérselo. Demasiado para no mojar todo en su salsa.







Papa rellena de carne.





Una deliciosa masa de patatas, rellena con carne de ternera, huevos cocidos, aceitunas y aji amarillo.





Con una pinta así por dentro no se puede decir que no.



Y para terminar, costilla glaseada.







Un trozo contundente de costilla de cerdo, confitada con hierbas andinas, con un sabor muy parecido a la mejor de las salsas agridulces que hayáis probado jamás. Y servida sobre una coqueta cama de yucas fritas. Fue espectacular.











Los peruanos tienen fama de tener una cocina muy buena, cuidada y sobre todo sabrosa. Para ellos es importante plasmar sus ingredientes y su tierra en los platos que preparan y comparten. Sus raíces.

Aquí tenéis el que ha sido sin duda, el almuerzo más carnívoro que he hecho hasta la fecha en mi blog. Y es que a veces algo dentro de ti te pide que vuelvas a ciertos orígenes, antes de este pseudo-veganismo-instagramero en el que vivimos ahora. Una vuelta atrás para coger fuerzas, seguir adelante y empezar a crear cosas nuevas dentro de ti.




Restaurante Raíces
c/ Juan de Zoyas, 5
Sevilla - 41018
695 85 56 23





lunes, 19 de marzo de 2018

Castizo




Me acuerdo de un anuncio de Vodafone, uno de hace ya muchos años, que decía: ¿Recuerdas cuando la palabra Q tenía tres letras?

Era por aquel entonces el boom de los sms en los teléfonos móviles. Los famosos 160 caracteres ( que realmente nos entrenaban a fondo para lo que nos vendría con Twitter) a los que había que sacarle todo el partido posible, comunicando lo máximo mientras escribías lo mínimo. En mi caso diré, que dicha filosofía de escritura se hizo extensible a todo lo que escribía, especialmente ( y por motivos obvios) a todo lo que escribía en las clases de la universidad. Y sí, la palabra Q perdió dos letras.

Esa nostalgia que se utiliza tan a menudo en publicidad… Ese sentir que te tiran del brazo y que te dicen: Párate y mira hacia atrás, algo ha cambiado y no te has estado dando cuenta… Trucos viejos, como el carrousel  de diapositivas al que Don Draper dedica un monólogo demoledor y sin rival en la serie “Mad Men”, que a mí siempre me atrapan y me dejan pensando. No es hasta que nos encontramos de bruces con algún elemento del pasado, cuando caemos en la cuenta de que todo se ha estado moviendo, todo el tiempo, nosotros también, perdiendo algunas cosas y ganando otras.

¿Recordáis a dónde íbamos a comer antes de que todo cambiara? Antes de que hubiera foodie lugares de diseño para todos y por doquier, antes de que fuera misión imposible encontrar mesa sin reservar para almorzar un Domingo. ¿Salíamos menos? ¿Comíamos y cenábamos en casa? ¿Íbamos más al burguer, al chino y a comer kebabs? Si os cuesta trabajo recordar, os diré que no sois los únicos.

Sin embargo, al contrario de esa sensación de cualquier-tiempo-pasado-fue-mejor que se nos queda en el cuerpo tras escuchar al señor Draper en aquel capítulo de Mad Men, he de confesar que me gusta descubrir foodie lugares que me hagan las veces de anuncio de publicidad y me  hagan tener consciencia de que las cosas han cambiado mucho, pero para mejor por una vez.







Castizo es uno de esos lugares en los que nada más sentarte a la mesa, te preguntas ¿Dónde estaba este lugar? ¿Por qué nadie lo ideó antes? A medio camino entre cocktelería y restaurante, con espacio de sobra alrededor para que la imaginación vuele y pensar que a altas horas seguro que la gente se levanta y se pone a bailar ( ya os digo, que mi imaginación es muy libre), es un sitio donde la sensación de que vas a pasarlo bien te invade desde que cruzas su puerta.





Podréis escoger entre muchos platos exquisitos de una carta que se nota que han cuidado mucho, y en la que han tratado de actualizar ( pero lo justo) la comida de siempre.


Croquetas



Ya sabéis que me pierden. Que aunque mis favoritas son las de pescado, me las como todas! Y están eran totalmente caseras, de pollo, y de diez.








Paella



Con sabor a fín de semana, a domingo con la familia o a chiringuito de la playa. Con tinta de calamar, para mezclar el negro con todo y hacer un pequeño lienzo de plato, que la comida nunca fue pensada como algo aburrido!












Corvina con salsa tártara ( para mí, desde siempre, la salsa de Homer Simpson y los palitos de pescado…)







La salsa estaba muy rica, y eso que a mí el sabor de las  alcaparras no me suele atraer demasiado!



Ningún tiempo pasado fue necesariamente mejor si no queremos, si fabricamos algo bonito a nuestro alrededor. Las letras de las palabras no desaparecen alegremente por el camino, dejamos de escribirlas para hacerle sitio a todo lo bueno ( y exquisito)  que queda por venir.




 Bar Castizo 
DirecciónCalle Zaragoza, 6, 41001 Sevilla



miércoles, 28 de febrero de 2018

Mateos





No sé si habrá sido por el color especial.

Por las series “Juego de Tronos” y “La peste”, o por la película “Ocho apellidos vascos”.

O quizás por la buena comida y el sol (ese que no luce precisamente hoy).

Pero por una serie de razones de peso, Sevilla se ha llenado de gente. Llena con mayúsculas.

Es la humilde conclusión de una bloguera que nunca ha tenido ningún problema para comer o cenar en cualquier restaurante a cualquier día y a cualquier hora. Así en plan, vamos a cenar a aquel sitio que me han dicho que es genial, sin reservar, sin planear nada, a lo loco, que a lo loco se vivía mejor. Amigos, eso se terminó.

Acostumbrémonos a compartir, a estar rodeados de gente que quiere disfrutar de lo que para nosotros ya era cotidiano y del día a día, y a la maravillosa sensación de descubrir pequeños lugares y pequeñas mesas justo donde parecía que nada podría aparecer.

Los lugareños, tienden a ir dejando de lado las zonas más turísticas de las ciudades, especialmente los fínes de semana y los días festivos. A veces precisamente por el abarrotamiento de gente en determinadas zonas y porque tristemente, los precios que se encuentran a veces están un poco “inflados”.

Aún así, parte de la gracia de todo esto para mí está en explorar, en conocer, en descubrir que hay donde parece que no podía haber nada que me gustara.





Y así me encontré con Mateos.







En todo el centro del mogollón del turismo sevillano, en pleno Barrio de Santa Cruz, con la Giralda mirando desde la izquierda. Un pequeño pero precioso restaurante donde el color verde lo adorna todo, y donde la carta de tapas de toda la vida te atrapa hasta llevarte a sentarte a una mesa sin remedio.








Fuera se queda el bullicio, las gentes, el no tengo tiempo y el cuánto nos ha costado aparcar.


Y dentro todo es ensaladilla, croquetas y adobo de pescado frito.


Ensaladilla de langostinos




Adornada con una mayonesa muy original de salsa verde, y con rúcula. Nuestra ensaladilla de toda la vida reinventada y con un sabor espectacular.




Croquetas




De pollo del puchero, como debe ser.





Realmente me encanta probar croquetas de todos los sabores que caigan, pero por estas, por las clásicas de toda la vida que tienen toda la pinta de que han sido hechas con amor, siento especial debilidad. Deliciosas!




Adobo de pescado frito





Porque aunque no hace falta estar en la calle Tetuán para zamparse una buena tapa de este clásico entre los clásicos en Sevilla.





Un pequeño lugar, de esos con  filosofía slow food, en medio de todo el ajetreo de gentes que no paran de visitarnos. Y que siga siendo así, que así es más divertido.



Mateos Bar
Dirección: Calle Mateos Gago, 2, 41004 Sevilla
Teléfono: 954 21 88 06