domingo, 1 de marzo de 2015

La cazadora ( The Hunter)


Cualquier persona que entre aquí y eche un vistazo a las entradas que voy publicando podría afirmar que este blog no es un blog de moda, y que yo no soy una chica loca por la ropa, los zapatos, los bolsos, gorritos, pañuelos… Y quizás se esté equivocando, quizás yo esté más loca que las mismísimas fashion bloggers!
Yo siempre diré que no tengo ropa, ni zapatos. Nada, nada. ¡Desnuda que voy por ahí (…)! ¡Cualquier día me detienen! Lo que hay dentro del armario de mi habitación, y del armario de la habitación de al lado, y en el armario del estudio de la casa de mi madre… No, eso no cuenta, por todos los dioses! Eso son cosas, cosas banales sin importancia. M, que es quien sufre en silencio esta bola de nieve que crece y crece y quien pone los ojos como dos huevos fritos cuando me ve llegar a casa con bolsas varias, me dio un ultimátum hace un tiempo: por cada prenda nueva que entrase en casa, otra tenía que salir… Cruel, M, muy cruel. Yo en el aquel momento no me dí cuenta, pero no me estaba dando realmente un ultimátum, me estaba dando la mejor terapia para no comprar ropa que realmente no significara algo para mí, para que dejara de llenar mi armario de cosas fabricadas en serie, sin alma, que no me ayudaran a contar ninguna historia, que no deseara realmente a más no poder,que no se fusionaran conmigo en el día a día y en el “personaje” que ese día quería ser.
Dejé de ser un soldado en primera línea de fuego, que dispara a todo, a diestro y siniestro. Y me convertí en una cazadora, en una especie de francotirador, escondida, siempre al acecho, sin bajar la guardia, y con una sola bala para usar. Y sí, confieso que mi armario cambió, y de paso esta nueva actitud me ayudó a mejorar varios aspectos de mí misma.
Llegados a este punto, es cuando yo debería empezar a hablar ya de lo habitual por esos lares del universo fashion: los Louboutins, los Manolos, los Jimmy Choo…Pero lo cierto es que me duelen los pies solo de pronunciar esos nombres. Me encanta verlos, en el escaparate de una tienda, en cualquier revista mensual de moda, en cualquier serie neoyorkina  de esas a las que soy mega adicta, pero en mis pies…? Luego me paso toda la semana vestida de working girl y con un par de tacones puestos de nueve a nueve. Contradicciones de la vida. Porque por lo que yo me muero es por unas buenas UGG calentitas para el invierno, para ponérmelas solamente con una camisa que le “coja prestada”  a M y sentirme como Sienna Miller. O por unas NB azules y rosas para irme por ahí a saltar y a dar vueltas. O por estas botas de “cazadora” auténtica que me regaló M precisamente las pasadas navidades:
 
 





 
 
He deseado unas botas Hunter desde antes de que existieran yo creo. Y cuando rompí el papel de regalo la mañana de Reyes y las tuve en mis manos por fín…Sí, fue exactamente como si a otra chica le ponen en sus manos un par de Manolos!
 

 
 
Así que ante tal estado de euforia post regalo, me permití el pequeño lujo de coger mis botas nuevas, calzármelas aunque no estuviera lloviendo ni nada, sacar a esa personaja que llevo dentro a la que le chiflan las faldas de cuadros tableadas, el agente 007, los scones untados con Lemon Curd y Londres a más no poder, y hacerme unas cuantas fotos.
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 



 
 
Porque de eso va todo esto de la moda y todo lo fashion, no? De ir sacando a la luz y sentir y vivir en el mundo real a todos esos alter-egos que llevamos dentro. ¿A quién vais a sacar vosotros mañana afuera? Divertíos!

sábado, 21 de febrero de 2015

Desayunando a mediodía ( Breakfast at O'Neill's)


Tengo que confesaros que el desayuno es mi comida favorita del día. Y salvo causas de fuerza mayor, no suelo saltármelo.  Como no tengo mal despertar, el desayuno es ese momento en el que el nuevo día acaba de comenzar y tengo la sensación de que todo está por hacer, hasta me parece que multitud de cosas buenas van a suceder…Luego, la mayoría de los días transcurren de una forma banal y sin gracia. Pero no importa, a la mañana siguiente otra vez a soñar, con el desayuno por delante. Café, galletas, zumo, tostadas, cereales, magdalenas, huevos, bacon, mermeladas… o todo a la vez! Jejeje. Estas delicias no tienen comparación para mí, con nada más de lo que comamos a lo largo del día.

Recuerdo que de pequeña le decía a mi madre que yo quería desayunar a mediodía otra vez, y por la tarde otra vez, en lugar de merendar y luego por la noche antes de irme a dormir. Pero mi madre, fiel seguidora de los convencionalismos cuando toca sentarse a la mesa, me repetía una y otra vez una frase que acabó convirtiéndose en un mantra en casa: hay un momento para cada cosa…Y yo me quedaba pensando…algún día! Y no, no os hablo de irnos de brunch de fin de semana, que por cierto se han puesto muy de moda en estos tiempos modernos ( ya lo haremos otro día), os hablo de entrar en un bar a las dos de la tarde y pedirle al camarero que nos ponga el desayuno por delante.

Las veces que he desayunado, a las cuatro de la tarde según algún husos horarios extraños, en aeropuertos lejanos o con un jet-lag que casi me tumbaba en el suelo, no cuentan. Así que podemos considerar que esta ha sido la primera vez oficial que lo he hecho, y como todas las primeras veces M y yo estuvimos de acuerdo que había que hacerlo por todo lo alto y con alevosía!
 

 
 
 
 

O’Neill's es nuestro pub favorito de Sevilla desde hace mucho tiempo: es nuestro cuartel general  para cenar  la noche de los Reyes Magos año tras año y nuestro sitio ideal para ir a tomar cerveza negra y hamburguesas grandes…Y tienen un desayuno irlandés que sirven durante todo el día impresionante y genial!




 


 
 

 

 

 

 

Salchichas, huevos fritos, tomates asados, champiñones rebozados, bacon frito, tostadas con mantequilla, beans...hoy las arterias tienen el día libre!!



 


 


 
 
 

 

 

M y yo disfrutamos de lo lindo. A mí personalmente, el ambiente de este tipo de pubs, y el de O’Neill's en particular, me encanta: puedes comer y charlar de forma agradable, sin agobios y sin prisas. Es un ambiente cálido y tranquilo, siempre y cuando no haya partido claro, entonces todo se transforma!

 

¿Quién se apunta a desayunar ( a lo irlandés) a cualquier hora del día?
 

martes, 17 de febrero de 2015

Tortitas de Martes de Carnaval

¡Me habéis pillado con las manos en la masa!
 
Y nunca mejor dicho, porque no se me ha ocurrido una forma mejor de pasar esta tarde de Martes de Carnaval, que volviendo a mis orígenes ( o como cantaba Gloria Stefan: de mi tierra bella, de mi tierra santa...) canarios y preparando junto con mamá una rica receta típica de por allí en estas fiestas.
 
Tanta lentejuela, plumas y bailoteo en la calle, tanta comparsa, murga y reina del carnaval con imponentes vestidos, acaban por dar mucha hambre. Hay que alimentar al cuerpo en estos días tan señalados, que de eso tratan precisamente estas fiestas.
 
Las tortas de carnaval que he preparado son muy sencillas de hacer. Las cantidades son aproximadas, según cuántas queráis preparar y cuántos vayáis a ser:
 
3 huevos
1/2 vaso de leche entera y fría
200gr de harina de repostería
una pizca de sal
Aceite de oliva o girasol para freir
Miel y azúcar glas para adornar
 
Lo primero es batir los huevos

 
Luego añadir la harina

 
Y remover para que todo se ligue

 
Añadís la leche y removéis muy bien hasta que se quede líquido. Si fuera necesario, debéis añadir algo más de leche.

 
( mientras tanto podéis ir poniendo el aceite a calentar)


Cuando el aceite esté caliente y con ayuda de una cuchara, vais echando la mezcla en la sartén


 
Cuando estén doradas, será el momento de sacarlas con unas pinzas

 
Y vuelta a empezar con otra tanda

 
Ponedlas en un plato para que se vayan enfriando

 
Las podeis adornar con miel

 
o con azúcar glas





 Disfrutadlas y reponed fuerzas para gozar a todo tren de lo que queda de este Martes de Carnaval. Mañana será Miércoles de Cenizas, y tocará vestirse de luto para enterrar a nuestra querida Sardina, y luego llegará Doña Cuaresma...y entonces "que nos quiten lo bailao"!