domingo, 20 de abril de 2014

La Habanita


El pasado Jueves Santo,  como os conté en el post anterior, pasé la tarde en Sevilla viendo cofradías con mi familia. Aprovechando que estábamos muy cerca de la Plaza de la Alfalfa, estuvimos cenando en un bar- restaurante que conozco desde hace años y del cual  me hace especial ilusión hablaros.

Se llama La Habanita y es un sitio pequeño y acogedor con un toque alternativo. Está situado detrás de la Plaza de Alfalfa y si la noche es de temperatura agradable, la mejor opción es sentarse fuera al aire libre, disfrutando de un ambiente para cenar muy tranquilo.
 
 
 
 
 
 

Yo llevo yendo allí desde que aún estaba en la Universidad, allá por el año 2002 o 2003. En aquel entonces, mis amigas y yo hartas de los sitios habituales de comida rápida y grasienta a los que acudía la gran mayoría de la gente de nuestra generación, buscábamos algo que fuera realmente  diferente y especial. Creo recordar que fue mi amiga Ana la que  descubrió este  curioso lugar , y desde entonces yo no he dejado de volver una y otra vez.
 

 
 
 
 
 
 
 
 
La carta de La Habanita se compone de una colección de platos con sabor caribeño con la yuca como ingrediente principal. También tienen comida mediterránea y comida vegetariana: con unas espectaculares albóndigas de espinacas que ya conocía y  que volví a pedir el pasado Jueves:
 
 
 
 

 

 

 

Tan deliciosas como siempre!
 
 

 

 

 

Revuelto de patatas y cebolla, sencillo y tradicional y riquísimo!
 
 

 

La Habanita sigue siendo uno de mis sitios favoritos en Sevilla, por muchos años que pasen. Ya sea Semana Santa, verano o Navidad, ellos se mantienen fieles a su estilo culinario y eso es algo que yo valoro mucho. Quizás por eso, como os decía al principio, son un restaurante tan especial.

 

 

viernes, 18 de abril de 2014

Semana Santa en Sevilla


Sevilla vive para y por la Semana Santa. Después de todos estos años aquí, os puedo incluso decir que la Semana Santa sevillana nunca desaparece del todo el resto del año: Es fácil que una mañana de verano, al doblar cualquier esquina de las calles del centro, nos sorprenda un intenso olor a incienso quemándose. Y  también, que cualquier tarde de otoño, si nos alejamos un poco y recorremos la periferia de la ciudad, sonidos de cornetas y tambores nos anuncien que las bandas de música están haciendo ya sus ensayos.

 

Las Hermandades religiosas de Sevilla , la mayoría de ellas fundadas hace algunos siglos, son las que hacen posible la puesta en escena en la calle de las imágenes de Cristos, Vírgenes y misterios, a través de las cuales, y día tras día, van contando sin palabras como acontecieron los hechos que llevaron a Jesús a ser crucificado y su posterior resurrección ,(Estoy segura de que los que no me leáis desde aquí, conoceréis de oídas a las más importantes: La Macarena, El Silencio o La Esperanza de Triana por nombrar algunas). Explicado así, puede sonar a una Semana Santa muy vinculada a lo religioso, a lo fúnebre, al dolor…
 


 

…Es difícil explicar lo que ocurre en Sevilla con la Semana Santa pero, nada más allá de la realidad, la gente de Sevilla es realmente felíz estos días:  se nota en sus miradas, en sus sonrisas, en como se visten y como aglomeran las calles. La Semana Santa hace mucho tiempo que tomó un matiz social tan importante, que incluso ha acabado superando, si se me permite decirlo, al religioso. Son días para compartir emociones con los compañeros de Hermandad, con la familia o con los amigos. Y tengo que admitir llegados a este punto, que a Sevilla, en lo que se refiere a vivir emociones a lo grande, no le gana nadie.
 


 

La zona del centro de la ciudad se blinda para el tráfico durante esos días para que por las calles principales como  Plaza de la Campana, Sierpes y Constitución discurra lo que aquí se llama la Carrera Oficial: un recorrido obligatorio que tiene que hacer cada Hermandad y para el cual se reservan sus mejores marchas procesionales y mejores movimientos. El centro se llena de mujeres de rigurosa mantilla negra, de nazarenos portando cirios o cruces llevando a cabo su penitencia, de capataces sacando lo mejor de sus costaleros y… de música. Porque son las bandas de música, tanto las de cornetas y tambores que acompañan a los pasos de los Cristos, como las bandas “finas” que acompañan a las vírgenes, las que aportan la gran majestuosidad y solemnidad que caracterizan a la Semana Santa sevillana.




 
 
 

El transcurrir de un paso, con un cristo crucificado o virgen portado por hombres sobre sus propios costados, arranca en muchas ocasiones lágrimas, piropos o alguna que otra saeta desde un balcón a aquellos que esperan nerviosos contemplar de cerca la venerada imagen de la que son fieles.
 
 

 

 

Este año he pasado la tarde del Jueves Santo en el centro de Sevilla, o lo que equivale a decir que he estado en el ojo del huracán, un poquito más adelante os explico por qué.
 
 
Aguantando el tipo bajo un sol de justicia y  vestida de negro, como manda la norma para este día.

 

 

Zona Encarnación – Las Setas. Hermandad de Los Negritos.
 
 

 
 
 
 


 

Con mamá
 

 

M y yo
 
 
 

 

 

 

 

Todo esto con calzado cómodo, por supuesto, un consejo que os doy a todos los que no queráis abandonar nada más llegar con un gran dolor de pies!
 
 

 

 

 

Sin duda, esperar a pie quieto a que pase una cofradía puede llegar a ser bastante cansado, por eso lo mejor es ir paseando de vez en cuando y dirigirnos a otra punto para ver pasar a otras hermandades…
 
 

 
…Y para tomar un refrigerio reponedor, y  ya sabréis que sitio me vino rápidamente a la cabeza!

 
 


 

 

Prosigamos, con nuestra pequeña penitencia de espectadores de la Semana Santa. Nos dirigimos a la Plaza del Salvador andando por la calle Francos, no apta en tardes como esta para nadie que padezca claustrofobia, debido a la gran aglomeración de gente. Y a eso me refería antes con estar en el ojo del huracán:
 

 

 
 


 

Hermandad de Pasión, saliendo de la Iglesia del Salvador.



 

 Hermandad de Montesión, volviendo por la noche a su templo.
 
 

 

 

Con respecto a la Semana Santa en los pueblos, hay algunas diferencias con respecto a Sevilla, especialmente si el pueblo en cuestión es más bien pequeño: tallas y pasos más sencillos, cortejos procesionales con menor número de nazareno y mantillas, con lo que se reduce considerablemente los tiempos de espera, y recorridos procesionales de menos distancia y de menos tiempo. Esto no quiere decir que no se mantenga la misma solemnidad y rigurosidad que en Sevilla ,solo que en definitiva todo se vive de una forma más cercana y tranquila.

 

 

Hermandad de nuestro Padre de Jesús Nazareno, en Castilblanco.
 


 

 
Y hasta aquí, me despido de mi Semana Santa en el sur,  enviándoles un mensaje a los más fervorosos:  os queda un día menos para la Semana Santa del año que viene.

 

 



martes, 15 de abril de 2014

Torrijeando


Torrijeando: participio del verbo torrijear, cuya definición es elaborar torrijas como si el mundo se fuera a acabar después de llevar un año entero esperando!
 
 

 
Yo soy una auténtica fan, mega fan de las torrijas, es lo mejor que me ha dado la Semana Santa desde que llegué aquí, y es que en Canarias no son tan típicas. A lo largo de todos estos años de múltiples Semanas Santas las he probado de mil maneras diferentes. Y es que esa es una de las cualidades maravillosas de las torrijas, lo versátiles que son y el potencial de inventiva que pueden llegar a dar a quien las está elaborando. Y al final, el poder darles tu toque personal y único.

Peeeero, con las torrijas me pasa lo que a otra tanta gente con la tortilla de patatas, por ejemplo:  que las que más me gustan son las que hace mamá!

Este año de nuevo, he vuelto a hacer de pinche de cocina con ella, descubriendo lo complicado que puede llegar a ser hacer torrijas con una cámara de fotos en mano y que todo salga bien. Para los que queráis saber como las hacemos nosotras, ahí va la receta:

 
Ingredientes: Pan ( si es especial para torrijas y pequeñito, mejor. Si no, se pueden hacer realmente con cualquier tipo de pan), leche, huevos, miel y aceite de girasol. No os digo cantidades exactas porque todo dependerá de la cantidad de pan que utilicéis.




 

Primero, llenar de aceite la sartén que vayamos a utilizar ( recomendamos que sea grande) y que se vaya calentando a fuego medio. A la vez, en un cazo más pequeño, poner a fuego lento la miel que vayamos a utilizar para que se vuelva más líquida.
 
 

 


Comenzar batiendo los huevos en un recipiente grande y reservar.
 
 

 

En otro recipiente echar la leche e ir introduciendo las rebanadas de pan.


 

Dejadlas unos instantes para que empapen bien

 

A continuación, ir sacando esas rebanadas de la leche y pasarlas por huevo y….
 
 

 

De ahí directamente a la sartén.
 
 

 

No es necesario tenerlas mucho tiempo al fuego, solo el suficiente hasta que tome color. El tipo de pan va a influir en esto.
 
 

 

Sacarlas cuando estén listas y ponerlas en una bandeja o recipiente.
 
 

 

Rociarlas con miel caliente, eso le dará un tono más oscuro y que no le falte miel a ninguna!

 
 
 


Y así una y otra vez con el resto de torrijas pasadas por huevo hasta que acabéis.
 
 

 

 
 
 

 

Cuando la miel y el pan se enfríen, la textura de la torrija cambiará, se endurecerá y será  más consistente. Podreis esperar a que estén frías para poder coméroslas? Buena Semana Santa a todos!