jueves, 20 de agosto de 2015

Tapas con mucho arte


El verano pasado os escribí un post hablando de las Setas de la Encarnación que tenemos en Sevilla: esas estructuras champiñonescas situadas en el centro de la ciudad, que tras su inauguración, hicieron posible que toda la zona  y calles de los alrededores se revitalizaran. Y es que se trata de unas setas muy hipsters.





 

Los hipsters del mundo son esos seres con ropa de algodón orgánico, gafas de pasta oscura y pelo ligeramente alborotado, con su portátil bajo el brazo y un rollo de vida sana en un sentido más amplio que en lo que a comida se refiere, que solían irse a vivir a alguna zona medio abandonada de cualquier ciudad, y que conseguían con su mera presencia y forma de vida ser el motor de cambio de la zona para convertirla en una zona más bonita, más agradable, más hipster. La zona se revalorizaba y encarecía y los hipsters siguientes ya no podían permitirse empezar una vida allí, y buscaban otra zona medio abandonada para colonizar. Y así barrios enteros, ciudades enteras…Hipstereándolo todo.

 

Es lo que ha pasado en Sevilla con la zona de la Alameda de Hércules, calle Feria, Encarnación y aledaños. Incluso he llegado a leer por ahí que a todo el conjunto se le llama cariñosamente el SoHo Sevilla. ¡Pero qué demonios! ¡El Sojo, hombre! Que aquí no tenemos ninguna calle que se llame Houston para hacer un juego de palabras añadiéndole ese sufijo de Sur en inglés, para delimitar que todo lo que haya por debajo de ella es el SoHo, o el Sojo.

Nuestro Sojo, al igual que ocurre con los que haya en la gran mayoría de las ciudades, es una zona bonita, agradable, con toques modernos por un lado, y de hecho a mano por otro. Porque en el equilibrio están todas las virtudes, y lo tradicional no tiene por qué estar reñido con lo moderno necesariamente. Con calles estrechas a veces, o con alamedas anchas un poco más allá. Con tiendecitas coquetas que venden cosas sencillas, como galletas, café tostado y camisetas de algodón pintadas. Puedes tomarte un té mientras tomas prestado un libro, conseguir un trozo de mozzarella fresca recién llegada de Italia, o puedes cenar bajo la mirada de una exposición de lienzos itinerante. Como hicimos M y yo.
 
 

Me vais a decir que me repito, que ya os conté el pasado invierno que estuve cenando en un lugar llamado No Lugar bajo la mirada de lienzos pintado, igualmente. Igual de genial ,pero nada que ver.

ArteTapas es un restaurante plantado enfrente de una de las esquinas de las setas de la Encarnación y con unas vistas de infarto de las mismas.
 

 

Con paredes de colores neutros y un moderno mobiliario de madera oscura, el color viene protagonizado por la comida y por los lienzos que se exponen en el local de forma temporal.
 






 

 

Tienen un rollo de mecenazgo muy chulo, porque es una forma de dar a conocer a artistas que están empezando y a los que a lo mejor les queda un largo camino por recorrer todavía. En este mundo en el que todo se retwittea, se  instagramiza y se comparte por Facebook,  es agradable ver que todavía se ven las fórmulas clásicas de toda la vida, las que se pueden tocar con las manos y ver de verdad delante de tus ojos.
 


 

Que el arte me da hambre ya no es nada nuevo para vosotros, así que vamos a echarle un vistazo a la carta:
 


 

 

 

M pidió aliño y un salmorejo que estaba justo en su punto de ajo, cosa importante!
 

 

 
 

 

 

Y yo tomé garbanzos aliñados con bacalao, espectaculares nivel felicitaciones al cocinero.
 

 

 

¿No os gustan los garbanzos? Os gustarán después de probar estos, seguro!
 
 

 

 

Y un montadito de carne mechada, que me pueden allá donde los vea!!
 




 

 

Una cena saludable y rica para una calurosa noche sevillana, de esas que no nos quieren abandonar este verano!
 
 
 
 
ArteTapas
Plaza de la Encarnación, 8, 41003 Sevilla, España
955103843

 

viernes, 7 de agosto de 2015

Cambio de prefijo

"Espero que cuando des ese salto,
no tengas miedo a la caida.
Espero que cuando el agua suba,
hayas construido un muro.
 
Espero que cuando la multitud grite,
grite tu nombre.
Espero que si todo el mundo corre,
tú elijas quedarte.
 
Espero que te enamores
y te duela mucho,
la única manera en la que puedes saberlo,
es dando todo lo que tienes.
 
Y espero que no sufras,
pero que tengas que esforzarte,
espero que cuando llegue el momento,
digas...
 
Yo, yo lo hice todo,
yo, yo lo hice todo,
fui dueño de cada segundo que este mundo pudo darnos.
Vi mucho lugares,
las cosas que hice,
con cada hueso roto,
juro que he vivido.
 
Espero que gastes tus días,
pero que todos cuenten.
Y cuando caiga ese sol,
espero que tú levantes tu copa.
 
Desearía poder presenciar
toda tu alegría y todo tu dolor,
pero hasta que llegue el momento,
diré...
 
Yo, yo lo hice todo,
yo, yo lo hice todo,
fui dueño de cada segundo que este mundo pudo darnos.
Vi mucho lugares,
las cosas que hice,
con cada hueso roto,
juro que he vivido.
 
Mereció la pena cada hueso roto,
juro que he vivido.
Mereció la pena cada hueso roto,
juro que yo...
 
Yo, yo lo hice todo,
yo, yo lo hice todo,
fui dueño de cada segundo que este mundo pudo darnos,
vi mucho lugares,
las cosas que hice,
con cada hueso roto,
juro que he vivido.
Juro que he vivido."

 

(One Republic – Viví)

 

Felíz cumpleaños, M!!!
 
 

domingo, 2 de agosto de 2015

En pequeña reunión


Mi infancia son recuerdos de un verano tras otro viniendo desde Las Palmas a estas calientes tierras, tanto que puedo decir sin exagerar que todos los veranos de mi vida los he pasado aquí en Sevilla. La gente habitualmente suele hacerlo al revés, e irse de viaje a las islas durante sus vacaciones, pero mis padres y yo siempre estábamos igual, llevando la contraria!

Cuándo llegábamos al pueblo cada Julio, tras haber estado todo el año fuera, tocaban visitas de rigor a familiares, y vecinos, y amigos, y amigos de amigos y familia de familia… Los que viváis o hayáis vivido en pueblos ya sabréis de qué os hablo. Para mí, venir al pueblo entonces era adentrarme en un mundo absolutamente diferente. E ir a casas extrañas con mis padres, me fascinaba.

Acostumbrada como estaba a que tanto yo, como mis amigas del colegio viviéramos en pisos de esos donde entras, a la derecha está la cocina, más adelante el salón, pasillo de barco a la derecha con puertas de dormitorios y baño, y se acabó, lo diferente me sorprendía. Y en el pueblo era de otra manera. Allí nadie vivía así. Vivían en casas, cada una de ellas con una forma y tamaño muy diferentes, a veces con habitaciones secretas sin ventanas, con “doblaos” ( y no buhardillas, eso es para los anglosajones) donde se guardan cosas, con patios inmensos con aroma a jazmín y llenos de geranios. Casas de muros gruesos y ventanas pequeñas,  pensando en los calores del largo estío. Y que olían a una mezcla de vigas de madera, jabón y naftalina.

Esos recuerdos, que estaban a buen recaudo en mi memoria, salieron todos de golpe cuando estuve cenando hace poco con M en un curioso foodie lugar en Sevilla, donde han conseguido recrear, a al menos para mí gusto lo han hecho,  exactamente esa atmósfera de casa familiar de antaño de la que os hablaba. Y ese curioso foodie lugar sevillano no podía tener un nombre que le sentara mejor que el que lleva, Petit Comité.
 
 
 
 




 
 

Luces tenues, suelos preciosos, pequeños huecos con mesas para sentarse a comer tranquilo pero sin quedarse aparte, y  olor a sentirte como en una casa que conoces bien. Fue como entrar en unos de esos lugares a los que solamente puedes acceder si conoces la contraseña, no por la exclusividad de la decoración del sitio, sino por lo exclusivo que es entrar en la casa de alguien realmente.
 


 

 


 
 
 
 
 

 

M pidió para cenar los fideos yakisoba con pollo, calabacín, berenjena y pimientos
 

 

 

Y ooohhh, muy muy ricos! Los probé y comprobé que tenían un toque lejano oriental, de los mejores que hemos comido!
 
 

 

 Para mí, pedí huevo roto campero con foie.
 




 

 

Ricos! Al punto de sal y al punto de todo!

 

Y para compartir, M y yo nos pedimos una pequeña hamburguesa del chef, para ver de que iba aquello.
 
 

Y la verdad es que no se nos hizo nada pesada, el pan era muy ligero y la carne estaba muy hecha como pedimos.

 

Haciendo honor a su pizarrín en eso de comer como en casa, M y yo hemos nombrado a Petit Comité como nuestra “casita” en Sevilla para comer tranquilos. ¡Tenemos que traer aquí y tantos amigos, familia, familia de, amigos de…
 

 
Petit Comité

Nos dedicamos a difundir una filosofía de nutrición consciente con un compromiso orientado al cuidado de nuestro cuerpo y alma de nuestros clientes.

Calle Dos de Mayo, 30, 41001 Sevilla

954 22 95 95