domingo, 9 de noviembre de 2014

Tal día como hoy...


No se debe vivir exclusivamente a base de  recuerdos. Porque si lo haces, posiblemente acabes teniendo esa horrible idea ante ti mismo de que te has quedado parado en un momento concreto de tu vida, sin poder moverte hacía atrás o hacia delante, completamente estancado. Con la sensación de estar viviendo dentro de una burbuja atemporal donde unos recuerdos determinados de algo que ocurrió, son las únicas visiones que pueblan tu mente. Y donde todo  lo demás no existe.

Algo tan horrible como hacer justo todo lo contrario, y acabar echando nuestros recuerdos en el olvido. Como si lo que nos ha ocurrido, y nos va ocurriendo, no tuviera la mínima importancia y solamente estuviéramos preocupados por ir consumiendo ávidamente nuevas experiencias que rápidamente nos encargaremos de ir desechando en nuestra memoria como “otros recuerdos más del montón”.

¿Cuál es el punto intermedio perfecto entre expresar que algo te importa y te gusta sin convertirte en el pesado/pesada de turno que nunca habla de otra cosa? La comunicación no es tarea fácil y así que no, no tengo la respuesta!

A mí personalmente no me gustaría estar en el pellejo de ninguno de los ejemplos que os indico arriba. Vaaaale, son ejemplos extremos pero todos nos hemos tropezado con alguien así a lo largo de nuestra vida, o quizás nosotros mismos alguna vez nos hemos sentido justo así, o atrapados en algo o pasando de puntillas por todo. Así que lo que intento todos los días es recordar un poquito días del pasado, a veces días alegres y otras veces otros más tristes, mientras no de dejo de maquinar para hacer cosas que me gustan y que ese imaginario de recuerdos, a ser posible buenos, crezca y crezca y sean los que me ayuden a producir sueños nuevos y futuros recuerdos nuevos, de forma que esto sea un no parar.

Así que a veces me gusta pararme un segundo  y preguntarme:  Recuerdas qué día es hoy? Recuerdas que hacías tal día como hoy hace un año…?

 

Y “descubrir” que estaba en un aeropuerto con M y nuestro amigo Edu, para hacer un viaje planeado durante meses y meses. Un viaje del que veníamos hablando hacer juntos desde la primavera del 2011 y que tras mucho hablar, habíamos podido hacer coincidir todos los factores. Horas y horas delante del ordenador planeando cada día, lo que íbamos a ver, lo que íbamos a hacer, que líneas de metro teníamos que coger, que hotel era mejor, que vuelo… Y ahí estábamos. Es increíble la sensación de sentirte ultra especial cuando compras un billete de avión y el esfuerzo mental que hay que hacer para que no desaparezca cuando llegas a la cola de embarque y ves que otras 200 personas se piensan y se sienten igual! Pero es la historia personal de cada uno, los recuerdos que tenemos y los sueños que albergamos lo que acaba convirtiendo algo que miles de persona hacen a diario en algo especial e inolvidable.

 

Como ya os he explicado arriba, la planificación de un viaje me pierde! Y paso meses y meses fantaseando con el sitio al que voy, me imagino a mí misma andando por las calles de ese lugar y sintiendo emociones como si realmente ya estuviera allí. Y es cuando me siento en el avión cuando me vuelve un poco la cordura y pienso aquello de que lo importante no es el sitio al que vas, lo importante es el viaje que haces y lo que aprendas en él: conocerte tú, seguir conociendo a las personas que están contigo, conocer como es la vida a unas cuantas horas de diferencia horaria de tu casa, cambiar tu día a día y hacerlo más sosegado o más estresante, lo que queramos!

Por eso le envié un mensaje hace unos días a Edu y le dije que estaba preparando un post sobre el 9N…y que no, que no tenía nada que ver con la política. Y por las risas, creo que lo pilló. Era mi forma de decirle que iba a abrir la caja de los recuerdos…
 
 
 
 


 
 
 
 









 

























 
 

Un año entero ha pasado ya de todo esto…cómo vuela el tiempo!  
Ahora toca volver a cerrarla, y hacer lo más importante: dejar que estos recuerdos sean material  para seguir soñando. Soñad siempre!

domingo, 2 de noviembre de 2014

The Room, art couisine


Lo encontré por casualidad. La semana pasada estuve por la zona de la plaza de la Alfalfa con intención de almorzar en un restaurante al cual le tengo echado el ojo desde este verano. Y cuando llego, cerrado otra vez a cal y canto. Me fui triste y  arrastrando los pies ( lo siento, el melodramatismo viene de fábrica) hacia la calle Cuesta del Rosario, pensando que igual podía tapear algo rápido en la Plaza del Salvador, cuando me encontré con The Room. Y que razón tienen aquellos que dicen que los mejores encuentros son los que no se planean!

The Room es algo más que un gastrobar y ofrece algo más que comida. Te ofrece un viaje de sabores de diferentes países sin moverte del centro de Sevilla. Su fachada principal ya es puro reclamo: un mapa mundi con exquisiteces  con sabor a Asia, Europa, Sudámerica y África. No me lo pensé un segundo y entré.
 
 

Es una sala amplia rodeada de un ventanal que permite que entre bastante luz. El mobiliario es funcional  y al fondo tienen la pizarra típica, que no falte en ningún bar!, con un toque “art”. Y de fondo sonaba Lana del Rey…yo ya no podía pedir más.
 






 
 
 

La cuestión aquí no es qué queréis comer, sino que país queréis probar?

Comencemos poniendo rumbo al Líbano.
 
 

 

 
Sí, yo soy la chica del hummus. Hummus a todas horas y en cualquier parte. Todo lo que sea untable me gusta realmente, pero esta especie de paté de garbanzos me vuelve loca con ese sabor. El toque artístico viene con un acompañamiento de paté de berenjenas y pan de pita por supuesto….

 
….Para morirse!!!

 
Sigamos con nuestro periplo gastronómico y visitemos a mi adorada Inglaterra con un Fish&chips deluxe:


 

 

Merluza hecha en fritura japonesa, acompañada de patatas chips y una deliciosa salsa tártara

 


Que me perdonen los hijos de la Gran Bretaña, pero no hay comparación! Prometido!

Y por último, vuelo relámpago a Thailandia para tomar un Wok
 

 

 

De pollo con verduras al vapor, arroz basmati y anacardos….

 

Así da gusto viajar! Sin maletas, sin aduanas y con una comida exquisita a la mesa. Aunque yo encuentro un extraño placer en preparar viajes a fondo, en el traqueteo de los aeropuertos y en los cambios horarios. Pero ya os hablaré de eso otro día.

The Room  art couisine: Calle Cuesta del Rosario, 15. Sevilla.

 

 

sábado, 1 de noviembre de 2014

Muffins de calabaza con pepitas de chocolate



Anoche salí bastante tarde del trabajo y fue al ver a un grupo de niños disfrazados cuando caí en la cuenta de que era Halloween…como en las películas! No se si iban realmente a pedir caramelos, y digo realmente porque como todos sabemos en España no hay demasiada tradición de esperar en casa con sacos de chuches para ir repartiendo a los niños que van a apareciendo en tu puerta preguntando eso de: truco o trato? Quizás esos niños que vi anoche iban, a algunas casas determinadas, quizás a las de ellos mismos, a pedir chuches a sabiendas de que les iban a dar…Aunque ya puestos, lo divertido está en en sorprender y no saber que vas a encontrarte, por lo que casi que si no te esperan es  mejor!

Luego en Facebook, me encontré con la “polémica” de si o Halloween o Tenorio y día de los Difuntos en cementerio…hombre…. Si me lo pintas así!!!

Pero de lo que no hay duda, es de que ha llegado la época de la calabaza. Esa verdura que lo mismo se puede hacer dulce que salada, y que tanto asociamos con recetas ricas de otoño. Y aquí os dejo esta receta con la que me he estado entreteniendo esta tarde:
 
 

 

Vais a necesitar:

500 gr de calabaza, ya asada.

400 gr de harina de repostería

400 gr de azúcar

280 gr de aceita de girasol

2 sobres  de levadura

2 sobres de gasificante

4 huevos

Un puñado de pepitas de chocolate para adornar.

(yo he utilizado finalmente la mitad de todas estas cantidades, ya depende de vosotros y  de cuantos muffins queráis)

Lo primero es preparar la calabaza, y hacerla en el horno cubierta de papel de aluminio. No os va a llevar mucho tiempo, es una verdura y se hace pronto.
 

 
 
 

Una vez la tengáis, mezclar en un bol la calabaza, los huevos, y el aceite.
 
 

 

 

 

Añadir la harina
 
 

 

 

El azúcar

 

 

 

Y mezclar bien. Yo le he hecho a mano en esta ocasión. Podéis utilizar también brazo de batidora, thermomix o lo que tengáis.
 
 

 

Añadir la levadura
 
 

 

 

Y el gasificante
 
 

 

 

Seguir mezclando bien
 
 

 

 

Cuando veáis que empiezan a salir unas pequeñas burbujas, estará listo. Y podréis rellenar los moldes que hayáis elegido. A mi encantan estos rojos de silicona, abajo tienen forma de flor, ya os enseño luego como quedan los muffins
 
 

 

Justo antes de meterlos en el horno, adornar los muffins con pepitas de chocolate.
 
 

 

Se necesitan entre 20 y 25 minutos en el horno a una temperatura de 180 grados. Así que comienza la parte más difícil: esperar!
 
 

 

Y aquí tenemos el resultado: muffins suaves y esponjosos, con un ligero sabor a calabaza y chocolate!!! No olvidéis esperar a que se enfríen!!!
 




 

 

Pasad buen fin de semana y buen puente, los más suertud@s!!