viernes, 6 de junio de 2014

El lago Como


Primero fue George Lucas  quien, en el Episodio II de La Guerra de las Galaxias, transformó este lugar en el planeta Naboo. Más adelante, George Clooney se quedó tan prendado de la belleza de este sitio tras el rodaje de “Ocean´s Twelve” que se compró una villa majestuosa. Y por último, el más famoso agente secreto británico al servicio de su majestad se paseó por este lugar en “Casino Royale”. Así que, varias películas después yo me preguntaba: ¿Qué le pasa a Hollywood con este sitio? Había que ir allí y comprobarlo.
El sábado, penúltimo día de nuestro viaje, M y yo nos subimos de nuevo a un tren y pusimos rumbo a la localidad de Como.





Como es una pequeña localidad a orillas del lago del mismo nombre. En un pueblo tranquilo y pintoresco con las montañas de fondo y el lago a los pies. En un sitio como este uno no puede evitar pensar que es el sitio ideal para retirarse del mundanal ruido, ahora o cuando seamos viejecitos!

Desde el embarcadero principal del lago parten durante todo el día barcos que van recorriendo el lago y haciendo paradas en cada uno de los pueblecitos que lo salpican. Hablamos de un lago kilométrico donde puede haber alrededor casi veinte localidades diferentes. Esto de ir saltando de pueblo en pueblo es una opción muy divertida porque puedes bajar en uno de ellos, dar un paseo y verlo, y luego volver a coger el barco para ir hasta el pueblo siguiente. Y así todo el día, o durante varios días ;)
 



 

 

La mayoría de los turistas van a Bellagio, una de las localidades más grandes y famosas del Lago Como, pero M y yo teníamos una idea fija en la cabeza: Lenno y su Villa Balbianello.


 

Llegamos a Lenno tras una hora y media de travesía por el lago haciéndonos fotos mil. Lenno es un pueblo pequeñito y muy tranquilo, muchísimo más que Como, donde únicamente se escucha el canto de los pajaritos. Para llegar a la Villa Balianello tuvimos que hacer un pequeño recorrido a pie bosque a través. Y al final del camino…
 
 
 

 
 

 

 

…El lugar más bonito del mundo. No os voy a aburrir con la historia de esta villa y como a través de los siglos ha ído pasando de mano en mano. Os dejo mejor las imágenes que hablan por sí solas.
 




 

 

 
 
 


 

 

Las vistas al lago son de infarto, ¿os imaginais vivir aquí y que esto sea lo primero que vierais al despertar?
 



 

 

El elemento principal de todo el conjunto de la villa es la Logia. Situada en un punto más elevado que el resto del conjunto y con un pórtico cubierto de madreselva tiene vistas al lago por un lado y por otro, convirtiéndola en un mirador perfecto y bucólico.

 
 
 
 


Paseamos por los jardines, admiramos las vistas, hicimos mil fotos, el tiempo se pasó volando y tocaba volver a la realidad y dejar de sentirnos como los personajes de una gran superproducción de Hollywood. Se acercaba la hora de comer así que nos despedimos de Villa Balbianello para volver a hacer el camino a pie rumbo a Lenno.
 



 
 
 

Encontramos un pequeño restaurante a orillas del lago donde nos sirvieron un risotto funghi a mí y una pasta carbonara a M espectaculares. La comida italiana sabe mejor en Italia…mito o realidad??




 

 

Y de postre, por supuesto helado!





 
 
 



 
 
 


Después de dar un paseo por Lenno para conocerlo un poco más, volvimos Milán, habiendo descubierto el secreto del Lago Como: belleza infinita hasta donde alcanza la vista y más allá.

 

domingo, 1 de junio de 2014

Día 3: Zurich


En nuestro tercer día de viaje, M y yo madrugamos un montón para poner rumbo a Zurich. Una ciudad que desde hacía tiempo nos llamaba la atención visitar y no quisimos perder la oportunidad estando a tres horas en tren desde Milán.

 

 

El viaje en tren hasta Zurich, como sospeché desde que compré los billetes, nos llevó a través de montañas suizas auténticas, prados, lagos, cascadas de agua por el deshielo del fín del invierno… El imaginario al completo de lo que se nos pasa a todos por la cabeza cuando nos dicen la palabra Suiza corría delante de nuestros ojos a través de la ventanilla del tren. Un espectáculo visual que hizo que  este sea  sin duda  el viaje menos aburrido en tren que he hecho nunca.

 
 
 


Llegamos a Zurich con retraso y dos cambios de tren más tarde, y es que como me recordaría más adelante una amiga a través de Facebook: los relojes son suizos, pero la puntualidad es británica. Salimos de la estación y avanzamos por la calle principal, Bahnofstrasse.



 
 
 
 
Una especie de Quinta Avenida a lo suizo, y esto quiere decir nada de ruidos, nada de atascos, nada de aglomeraciones de gente, nada de gente de diferentes etnias, nada de puestecitos callejeros, todo en su sitio, todo el mundo educado y callado ( el poco mundo que había por allí, desde luego)... En fín, como os decía, una avenida de aproximadamente 1,5 kilómetros de largo salpicada de tiendas:

 de relojes, como no podía ser de otra manera…
 

 

 
de joyas…



 

 

 

De ropa de firmas de esas que llenan las revistas de moda…

 



 
 
 







 

 

Y de chocolate!
 
 

 

 

 

La avenida desemboca en Bürkliplatz junto al  lago de Zurich, con un muelle súper ideal que invita a sentarse con los pies colgando y olvidarte de todo un rato. Lucía un sol más propio de unas latitudes más sureñas que de Suiza, y M y yo decidimos hacer como el resto de lugareños y zamparnos un pequeño pic nic para reponer fuerzas.
 
 
 
 
 

 

 

Pusimos luego rumbo al casco histórico de la ciudad. Conforme nos íbamos acercando las calles se estrechaban, los tejados y las ventanas se hacían más puntiagudos, aparecía gente vestida de época…Sí! Habíamos encontrado el mercado medieval auténtico!
 






 

 

En un escenario que no podía ser más apropiado, a los pies de la Iglesia Fraumunster, se hallaban multitud de puestos de diferentes productos, todo muy artesanal, para comer, comprar o simplemente pasear y curiosear.

 

Justo enfrente, cruzando el río, se encuentra la catedral Grossmunster. Es posible tener unas vistas espectaculares de Zurich desde uno de sus torreones tras subir 187 escalones de nada…

 


 

 
 
 
 


 

 

Continuando nuestro paseo por el casco histórico llegamos a Cabaret Voltaire, un espacio para reunirse, organizar eventos culturales y comprar algún recuerdo vintage. Dicen que el movimiento del Dadaísmo surgió justo en este lugar, a principios del siglo XX. Hace unos diez años fue reconstruido por un grupo de jóvenes que querían recuperar los ideales dadaístas y surrealistas dando lugar a un espacio muy especial...en el que no dejan hacer fotos.
 



 




 
 


 

 

El final de nuestro paseo por Zurich fue por Lindelhof, una pequeña colina dentro de la ciudad con unas vistas muy bonitas, utilizada como parque en el que, si hace sol como aquel día, los zuriqueses gustan de relajarse y tumbarse en el césped. Yo me conformo con subirme a los columpios!
 



 

De vuelta en tren a Milán, nos despedimos de las montañas suizas, y  casitas de Heidi varias, que nos encontrábamos por el camino. Volviendo a maravillarnos con semejante paisaje, ahora al atardecer.