domingo, 11 de febrero de 2018

El taller del señor Cake





Con la cabeza en las nubes, así suelo estar yo. Cuando no tengo los pies en el suelo.

Hay un momento para cada cosa, y ¿cómo os lo explicaría? Para seguir caminando, necesito dejar volar la cabeza un ratito. Un “llevarme la mente a otro sitio”, y haré todo lo posible porque ese sitio sea  un sitio bonito. Yo no lo llamaría ilusión. Yo lo llamaría mi forma personal de cargar las pilas, durante unos minutos un día cualquiera, o durante dos semanas de vacaciones enteras.

Por eso viajo.

Por eso tengo una cuenta de Instagram desde la cual reparto likes todos los días.

Por eso ya apenas veo películas de esas hiperrealistas de cine independiente.

Sin querer queriendo, fui dedicando más de mí misma a todo lo que me da energía todos los días y atrás se fueron quedando “cosas”, algunas tontas y otras no tanto, que ya solo habitan en mi pasado.

Holly confesaba en aquella famosa escena de “Desayuno con diamantes” que la joyería Tiffany’s era para ella ese lugar en el que todo era calma y sosiego. Su lugar bonito. No le quito razón, pero me temo que yo no puedo conformarme con un solo lugar. Me gusta saber que hay una ristra de lugares bonitos ahí fuera, a la espera de que yo los explore y los incluya en mi colección de recuerdos. Y aquí en el blog.




Así que volemos hoy a un pastelería-taller muy especial, donde se preparan las tartas ricas de Sevilla por excelencia.











Tras haber visitado anteriormente las pastelerías SuitCake y Mr. Cake, me faltaba el segundo sitio que habían abierto estos últimos hace muy poco. La pastelería Mr Cake de Puerta Osario, donde además de su decoración bonita a rabiar, tienen un taller de tartas para poder disfrutar de un buen trozo recién hecho.





No es casualidad que de nuevo estemos en un sitio pequeño. Es difícil no sentirse especial cuando se llega a un lugar así y justo descubres que había un par de taburetes libres,  un surtido de tartas que cortan la respiración y una música de fondo que mezcla el jazz, la banda sonora de alguna película famosa oculta tras un cover y una canción de esas que piensas que nadie más conoce y que sólo te pertenecía a ti. Yo siempre digo que sería terrible vivir sin música.











Y sin tarta de pistachos







Y sin tarta de batata y vino dulce



Y sin lugares bonitos.






Mr Cake “El Taller”
Dirección: Calle Doña Berenguela, 1, 41003 Sevilla
Teléfono: 954 15 26 67


sábado, 27 de enero de 2018

Perros Viejos



   Ya había estado allí antes. Hace unos años, cuando escribía en este mi blog con mucha más regularidad que ahora. Cuando iba de restaurante en restaurante, para contaros luego por aquí todas mis foodie-aventuras, y bajo la regla de no repetir nunca ningún sitio.

Pero aquella noche no estaba allí “trabajando” para el blog.

Y a partir de aquí iba a soltaros un rollo increíble, con un montón de metáforas, de dobles sentidos, de imprecisiones, que ya no entendía ni yo misma cuando lo releía. Pero esta mañana la claridad para escribir ha vuelto a mi cabeza, y he podido rentabilizar eso de despertarme a las cinco de la mañana y ya no poder volver a dormir. Circula mucho por las redes sociales un dicho que habla sobre las explicaciones, y que dice algo así como que tus amigos no las necesitan, tus enemigos no las creen y los tontos no las entienden. Damas y caballeros, niños y niñas, lo que sigue a continuación es cosa mía.

Soy una chica de mariposas fáciles en el estómago cuando hay algo por ahí que me gusta. Soy de cantar canciones de Disney por los pasillos. Soy de estremecerme y sonrojarme cuando un recuerdo vuelve a mi cabeza al nivel de revivirlo casi por completo. Soy de llevar todo el día sintonizada en la cabeza mi propia voz en off:  a veces hace de ángel bueno, otras de ángel malo, otras de unicornio, otras de Carrie Bradshaw y otras veces hace de Bridget Jones. Me siento felíz a rabiar cuando las cosas van bien, y lloro cuando se tuercen. Soy de montarme castillos (de princesa) en el aire y películas en la cabeza cuando voy andando por la calle un Viernes por la noche a cenar a un restaurante.

Porque si no vivo las cosas así, no os voy a engañar, las cosas no tienen sentido para mí. Luego en otras ocasiones pasaré “vergüenza”, pero me sigue mereciendo la pena.

Hace unos meses les pregunté a mis amigos a través de Facebook si preferían una primera cita o una entrevista de trabajo. ¡Y os podréis imaginar la disparidad de respuestas que tuve! Según la vida y experiencias de cada cual que me escribía. En cuanto a mí, hice una pequeña reflexión acerca de que eran centenares la cantidad de entrevistas que había hecho en total en ambas direcciones, es lo tiene trabajar en recursos humanos, pero que ahora estaba a punto de sentarme con los del otro lado.

Tan mayor como me siento cuando me levanto por las mañanas, tantas personas que han pasado por mi vida, tantas historias de todos los tipos y para distintos tipos de público, tantas cosas buenas y malas que me han ocurrido sin remedio… Y ahí estaba yo, con mil páginas escritas, y descubriendo de repente que la más importante estaba aún en blanco. Un recruiter experimentado que me viera aquella noche diría que me gustan los retos, pero la sensación era la de estar a punto de empezar un exámen que quieres aprobar sin haber podido estudiar, y la amiga malota de la clase sólo te dice que te presentes, porque total no pierdes nada.

¿Estáis pensando en el programa de televisión First Dates? Si no, seguro que yo pensé por todos vosotros. Pensaba sobre todo en cómo se han cargado que dos casi desconocidos se sienten tranquilamente en un restaurante, pongamos que fuera Perro Viejo en Sevilla, sin que la chica con voz en off se diga a sí misma cosas como: Se han dado cuenta, saben que esto es una cita, saben que ese chico que está ahí enfrente no es ni mi primo, ni mi hermano, ni siquiera un amigo. Porque los amigos se conocen,  los amigos hay preguntas que no se hacen durante una cena…. porque ya las saben…

 Acaban siendo los yo también, y sobre todo los yo tampoco, los que consiguen que toda la situación se transforme, allí en medio en medio de un montón de gente que son unos absolutos desconocidos, que han salido una noche a cenar con su pandilla de amigos o con su familia y que no se están enterando de nada. Que hacen de fondo de decorado como sucede en las películas. Porque si no sentimos por una noche que nuestra vida puede ser como una película, como una serie de televisión, como un videojuego… Amigos míos, ¿Qué estamos haciendo aquí?

Aunque el post hable principalmente de mí y mi voz en off suene infinita, estoy segura de que a los chicos de Perro Viejo les encantará saber que en su restaurante la comida rica se entremezcla con estas historias que rozan lo cinematográfico, lo azaroso y lo  mágico a partes iguales.

Si no, no estaría de vuelta cenando esta noche aquí ;)







Que sea una ensalada César, cómo dice Dani Rovira en uno de sus monólogos más geniales. Con mucho pollo y mucho queso y la salsa justa. Y no empalagaba, era una delicia.







 ¿ Y para continuar? Entrecot de ternera poco hecha, absolutamente pensado para los que jamás de los jamases comemos carne poco hecha. Un plato maravilloso con una curiosa cama de puré de patatas.


¿Y esto?


El mejor postre que yo haya probado, posiblemente.



Torrija de brioche, el postre estrella de la casa. No os lo podría describir, vais a tener que ir.








Perro viejo

Dirección: Calle Arguijo, 3, 41003 Sevilla
Teléfono: 955 44 00 30
Menú: equipompuntor.com










sábado, 20 de enero de 2018

Un gato en bicicleta


¿Leéis?

Apuesto a que sí, cada cual leerá lo que le guste, por supuesto.

¿Leéis libros?

Los de páginas de papel, con una portada de cartulina blanda o dura… Si estuviéramos todos juntos ahora me temo que no vería demasiado manos levantadas.

Vale, lo confieso, soy de esas personas que no pueden sustituir los libros por una pantalla electrónica. Soy antidiluviana, jurásica, arcaica, lo que queráis. Realmente pienso que la conexión que se puede llegar a tener con un libro en papel, con uno de esos cuya historia te atrapa y te acompañará siempre, con uno de los que puedas pasar cada una de sus hojas con tus dedos…yo no la puedo tener con ningún trasto electrónico. Es más, hay libros que he leído en formato digital cuyas historias se me han quedado vagando por la cabeza, y que a día de hoy siento que para que esa historia me llegue realmente necesitaría volver a leerlos en papel.

Yo soy así, ya no tengo remedio.
















Por este motivo, tenía un montón de ganas de ir una tarde a merendar a Un gato en bicicleta, un pequeño espacio multi tarea en el que lo mismo te organizan un taller de cerámica, que hacen de librería y de paso sirven unas tartas muy ricas. Tenía ganas de sumergirme entre libros de papel y desconectar de la tecnología un ratito, de no tener prisa, de olvidarme de que en la calle estaba empezando a llover otra vez, y de dejar volar la imaginación.

La  banda sonora de pop y rock indie de los buenos tiempos sonando de fondo, acompañaba completamente y  así como quien no quiere la cosa apareció una canción de los Smiths, a los que considero sencillamente maravillosos.







¿Llenamos el estómago?

Tarta de zanahoria





Esponjosa. Y con el frosting más delicioso y menos empalagoso que he probado en mucho tiempo. Y eso no es fácil de encontrar






Y un pastelito árabe, que según me explicaron estaba preparado con agave y no con miel. Aunque el sabor de las almendras es inconfundible en este tipo de pasteles, es cierto que era mucho más ligero que los tradicionales con miel. Estaba delicioso, para  acabar con la bandeja entera.

















He de confesar que me encantó el detalle de los fideos de colores de la tarta de zanahoria. Ya apenas se ven, porque la pastelería creativa está cada vez más cerca del arte que de la comida, y a los pobres fideos de colores, que tantas veces usé en mi época del instituto para adornar las tartas de galletas y chocolate que hacía, les está pasando como a los libros, que están dejando de ser modernos. ¡Salvemos a los fideos de colores! Y de paso, también a los libros en papel.




Un gato en bicicleta
Dirección: Calle Pérez Galdós, 22, 41004 Sevilla
Teléfono: 955 29 56 51






sábado, 13 de enero de 2018

Noodles en Tuk Tuk



Se acabó la Navidad. Es un hecho. Acabo de quitar el árbol.

Y en lugar de escribir algo: Diciembre, ven a rescatarme ya! Intento hacer algo de mindfulness de andar por casa, y pensar que cada mes del año y cada estación trae algo bueno, cosas nuevas y más magia de la que ahora podemos imaginar…. Venga ya! A quién intento engañar? Te lo digo bajito, al oído, sin que nadie nos oiga: Diciembre ven a rescatarme…

Porque Enero lo único que quiere es que aprenda a poner a prueba mi capacidad de volver a la rutina alimentaria diaria, y que aprenda a lidiar con ese agujero gigante que siento en mi estómago a media mañana, agujero donde antes había un polvorón o un trozo de turrón.

Pero si queremos que nuestro mundo siga girando, no hay más remedio que volver a las rutinas habituales.

Y yo, a este mi blog ;)



El pasado fín de semana, justo después de que se acabara el día de los Reyes Magos, estuve comiendo en Tuk Tuk, un sitio al que hacía tiempo que tenía ganas de ir, y del cual me habían hablado muy bien.

Un sitio sencillo, pequeño, para comer sin pausa pero sin prisa pero para comer rico y sano.





Para comer unos noodles que dejan con ganas de repetir otro día otra vez. Y digo otro día, porque la ración que sirven por plato es contundente hasta para los que más coman!



Lo bueno de Tuk Tuk es que ofrecen distintos tipos de noodles, entre ellos los de arroz, que están muy ricos y tienen un sabor muy particular.

Cómo van a ser? Con carne de pollo? De ternera? De verduras?










Sea cual sea la elección que hagáis, estará tan rica cómo aquella que me zampé yo. A mi ya hacía tiempo que me gustaban los noodles, pero admito que llevaba tiempo buscando un sitio en Sevilla que me sorprendiera, y me sirviera un buen plato de noodles sin más florituras. Noodles, amor y una buena charla.


¡Vamos todos a conquistar Enero!



 Tuk Tuk Noodles
c/ Julio César, 5, 41001 Sevilla
954 91 29 61